Educación, educación, educación Educación, educación, educación - Sergio Fajardo

Educación, educación, educación

Educación, educación, educación

Educación, Educación, Educación. La repetición anterior no es debida a un error de escritura, ni la aparición maligna de un virus informático que en un momento dado decide copiar tres veces seguidas una palabra que le llama la atención. No. Es la fórmula que el Primer Ministro Británico, Tony Blair, ofreció en el transcurso de la campaña electoral que llevó a los laboristas a derrotar a los conservadores después de varios años por fuera del poder, Y, exagerando, pero muy poco, es la fórmula que se debería ofrecer en cualquier campaña, en cualquier lugar del mundo.

Algo extraño ocurre. Sin duda, en Zambia, Colombia y Estados Unidos, todos los caminos conducen a la educación. El problema surge cuando en ese cruce multitudinario de caminos, la educación se diluye en una colección de discursos y de acciones dispersas, que terminan sin tener un verdadero impacto. No sé cuántas veces, acá, en Colombia, hemos visto la misma película, con diferentes títulos: Gran Movilización Social por la Educación, Plan Decenal de Educación, La Educación Asunto de Todos, y otra colección de programas y expresiones sugestivas que ilustran la importancia y, a la vez, la importancia del tema: nunca se realizan. ¿Por qué?

El gran problema con la educación es que sus resultados y efectos tangibles nunca coinciden con los tiempos políticos. Es decir, en cuatro o tres años, un político no podrá mostrar mucha más allá de resultados muy puntuales en educación, con el agravante de que estos resultados no son, a diferencia de un puente, una autopista con tres calzadas, una calle sin huecos, un túnel o un estadio, visible para toda la población. Entonces, la educación, que no se ve, no produce beneficios políticos y, mucho menos, electorales.

Por esta razón, los programas educativos de gobierno terminan siempre reducidos a lo mismo: una colección dispersa de proyectos como, ampliación de cobertura en educación básica, construcción y adecuación de aulas, dotación de textos escolares, repartición de computadores por todos lados, enseñanza del inglés, diseño de sistemas de crédito para pagos de matrículas, ferias de la ciencia, formación y actualización de docentes, apoyo a innovaciones pedagógicas, etc. Por supuesto, no existe continuidad entre dos administraciones consecutivas y, para rematar, nunca alcanzan los recursos. ¿Es inevitable esta situación?

No, pero es necesario cambiar el rumbo. Como ocurren en múltiples casos, la primera acción para abordar un problema que lleva mucho tiempo sin solución, consiste en redefinirlo. Cambiar el ángulo desde el cual se ha tratado sin éxito. Entonces, tenemos que pasar de mirar la educación como uno de tantos programas en una administración, y ponerla en el centro de la construcción social y convertirla en columna vertebral de la política. Necesitamos descubrir y hacer explícitas las múltiples formas como la educación aparece en los aspectos fundamentales de nuestra vida en sociedad. De esta manera nos salimos del marco restringido de la educación, entendida como el proceso de asistir a un aula para aprender algo, y se convierte en verdadero motor de la actividad social.

Nos corresponde entender la relación entre educación y el problema del empleo en el corto, mediano y largo plazo, su papel preponderante en cualquier política de paz y convivencia, la dimensión educativa de la participación comunitaria, la relevancia de la educación ambiental, las posibilidades educativas alrededor del sistema de transporte, y así sucesivamente con todos los temas de ciudad. Si somos capaces de avanzar en este proceso, podemos mostrarle en forma concreta a cada ciudadano las formas como la educación tiene que ver con su vida. Entonces tendrá sentido proponer la educación como elemento central en la transformación de nuestra sociedad, sabremos en qué dirección vamos y, por lo tanto, la política misma se convierte en actividad educadora, y a los políticos les corresponde buena parte del liderazgo pedagógico de la sociedad. El proyecto educativo sería entonces más visible que un puente, una autopista o un parque, y la fórmula del comienzo, adquiere pleno sentido.