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Poder de la decencia

El poder de la decencia: el profesor que quiere…

 

En el cruce de la Avenida Oriental con La Playa, una esquina en el corazón del Centro de Medellín, un hombre de 43 años entrega volantes mientras les cuenta a los transeúntes por qué quiere ser Alcalde de la ciudad. Dos amigos extienden una pancarta que dice PARE… PIENSE… VOTE. Al tiempo, el hombre explica a persona por persona su propuesta para llevar a Medellín del miedo a la esperanza.

“El contacto con la calle no tiene comparación ni sustituto. Ese contacto físico, con todos los sentidos, es muy potente, establece un vínculo. La energía se transmite y se traduce en confianza. Para mí, tantos años después, sigue siendo uno de los aspectos más emocionantes de la política”, escribe Sergio Fajardo en su libro El poder de la decencia.

Caminando. Así comenzó esta historia

La escena ocurrió hace 18 años. 5 de noviembre de 1999. Medellín vivía una nueva ola de violencia y el conflicto urbano era centro de atención en Colombia y el mundo, triste herencia del narcotráfico de las décadas de los 70 y los 80. Una proliferación de bandas captaron la atención de los jóvenes. En ese escenario y con el reto de modificar la tendencia registrada en las cifras de violencia, Sergio Fajardo aspiraba a administrar la ciudad.  

Fajardo llegó a la política regional luego de ser, por más de 25 años, un profesor de matemáticas universitario y de dedicar su vida a la investigación. Era, en esencia, un científico que decidió cambiar el mundo: “al finalizar el siglo XX nos atrevimos a cambiar el mundo” dice en la introducción de su libro. 

 

En una ciudad “agónica, marcada por la puja entre la vida y la muerte”, como concluye el informe del Centro Nacional de Memoria Histórica ´Medellín: memorias de una guerra urbana`, y luego de una “escalofriante batalla urbana” como la ocurrida con la Operación Orión en la Comuna 13, Sergio Fajardo logró llegar a la Alcaldía con una votación histórica después de un trabajo basado en caminar la ciudad, escuchar a sus habitantes y explicar su propuesta. En otras palabras, poner la piel, el corazón y el cerebro en función de los intereses de los habitantes de Medellín.

 

Fuimos muy disciplinados, trabajamos juiciosamente, estudiamos la ciudad a fondo, al recorrimos de extremo a extremo, con alegría, gusto y convicción, nos enfrentamos a las maquinarias con elegancia, sin dejarnos asustar”, escribe Fajardo en su libro.

El poder de la decencia es un ensayo que Fajardo decidió escribir para contar qué hizo, por qué lo hizo y para qué lo está haciendo. En él explica las bases de una propuesta política que comenzó con “un grupo pequeño en Medellín y ahora somos miles en todos los rincones de Colombia y, me atrevo a decirlo, en varios lugares del mundo”. El libro lo escribe en primera persona pero dice que “ese yo es nosotros en casi todos lados”.

Alejandro Poiré, colega docente de Fajardo en el Tecnológico de Monterrey, valora el esfuerzo de su compañero por hablar de decencia en política: Ser decente en la política da fuerza, y de

hecho, ser un ciudadano decente implica involucrarse en lo público. Y que la existencia de dilemas éticos complicados no es pretexto para la inacción, la indolencia, o la simple indignación que nos exculpa. Que se puede”

El poder de la decencia es la narración de un hombre que creyó y cree en la Educación como el elemento principal para transformar no sólo un país, también al mundo. Es la confirmación de que no es una idea descabellada, de que se puede, de que en Medellín y Antioquia fue posible y es la convicción profunda de que ahora puede hacerlo en Colombia en un momento histórico del país que exige un cambio en la manera de hacer política.

 

Poder de la decencia

Sergio Fajardo presentó su libro en México

 

Sergio Fajardo, los últimos dos años, fue profesor visitante distinguido de la Cátedra Latinoamericana de Ciudadanía del Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Monterrey (TEC), y para cerrar este ciclo presentó su libro El poder de la decencia, que ya suma tres ediciones.

En el conversatorio estuvo acompañado del decano de la Escuela de Gobierno y Transformación Pública del TEC, Arturo Sánchez, y fue el escenario ideal para realizar una radiografía de la actual situación política de Colombia y cómo ésta le abrió un escenario a la propuesta política que lidera.

El profesor Sánchez comienza la charla retando a Fajardo al preguntarle por qué el primer capítulo del libro habla de los privilegios que tuvo y de cómo esto lo hizo conciente de que las oportunidades de las personas no deben depender del lugar y las condiciones en las que nacen:

Luchar contra las injusticias es lo que más me motiva para realizar mi trabajo. En el libro reviso mi vida familiar y sé que crecí en un contexto de privilegio no sólo en lo social y lo económico, sino también en la relación con mi familia. Tuve una relación muy cercana con mi papá. Él me invitó siempre a volar, a no tener restricciones y me motivaba a tomar decisiones; y mi mamá, que era profundamente religiosa, era muy efervescente, con una energía poderosa. Ese primer capítulo es para explicar que cada uno tiene sus raíces y es gracias a eso que entendí que el origen social limitaba el rumbo de las personas. Por eso siempre fui consciente de la sociedad desigual donde vivimos”.  

Fajardo recordó esos primeros días cuando comenzó a recorrer las calles de Medellín entregando volantes, explicando a cada persona la propuestas que tenían con el grupo de amigos con los que comenzó en la política: “lo más importante siempre ha sido respetar los principios y escuchar a la gente”, dijo.

Además, recordó la importancia de llegar al poder sin deberle nada a nadie, sin pagar por un voto, porque son los medios los que justifican el fin.

“En el libro yo cuento el camino inusual que comenzamos en la política. Hemos recorrido un camino largo que comenzó con un cero por ciento en las encuestas y ya llevamos 18 años en él”.

Sergio Fajardo contó las dificultades que ha tenido con la clase política tradicional y cómo ha vivido momento emocionantes, como la Ola Verde, que hablan del estado de ánimo del país y los múltiples aprendizajes que ha tenido, algunos dolorosos.  

“Ahora en Colombia pasa algo extraordinario: ¡Ya todo el país está indignado con la corrupción! Ya no está indignado solo con los corruptos en las regiones, sino en todo el país. Hoy Colombia está con un malestar extraordinario. En esas encuestas donde se habla de felicidad los colombianos siempre estábamos de primeros y, de repente, Colombia está amarga”.

Fajardo también reconoce que es posible cambiar, abrir la puerta de las oportunidades. Se puede tener esperanza.  

“Nosotros vamos a cambiar, pero nos tenemos que reconciliar. Si no sanamos las heridas vamos a destruir el país. La historia de nuestro país nos muestra que cada vez que la política termina en esa polarización vuelve otro capítulo de la violencia y siempre terminamos en una guerra. Por eso es necesario conectar sectores, porque no es el momento de llegar a las trincheras, es necesario conectarlos a todos para poder avanzar. Debemos luchar contra la corrupción, de manera frontal y real y también nos debemos reconciliar y así le damos cabida a la educación, ciencia, tecnología, innovación, emprendimiento y la cultura para poder generar oportunidades y transformar la calidad de vida”

 

Libro Sergio Fajardo, Presidencia 2018 Poder de la decencia

“El año de Fajardo”.

Columna de opinión, diario El Espectador por Alejandro Reyes Posada el día 30 de diciembre de 2017.

En El poder de la decencia, el libro publicado por Editorial Planeta, Sergio Fajardo se presenta como un privilegiado por haber tenido educación de alta calidad y por haber podido servir a su ciudad y su departamento como alcalde y gobernador, gestiones que lo calificaron como el mejor del país en sus respectivos períodos, según sus habitantes. La lectura del libro permite entender las claves del éxito de su forma de hacer política y de gobernar, que están relacionadas de manera estrecha. Como dice Fajardo, el que paga para ganar, llega para robar. Por eso Fajardo es un político insólito, porque no gana elecciones con base en componendas con gamonales, contratistas y compradores de votos, sino a pie, recorriendo barrios y veredas, escuchando mucho y prometiendo poco, para que quienes ganen sean los ciudadanos, que finalmente son quienes gobiernan en su propio beneficio. Esta forma de hacer política se funda en la construcción de confianza entre los gobernantes y la gente y restablece la noción original del servidor público, lejos del aprovechador de lo público, que domina el actual escenario y busca obtener rentas personales del ejercicio del poder.

Fajardo no es un iluminado que saca del sombrero de mago todas las soluciones, porque esa forma de caudillismo niega el poder de la gente para crear consensos que marquen la ruta del futuro, que es el verdadero poder. Por eso Fajardo pone más énfasis en los medios, idea que condensa en su fórmula de que los medios justifican los fines, al revés del lugar común de quienes quieren legitimar cualquier crimen con la nobleza de los ideales que persiguen. Un medio torcido daña irremediablemente cualquier resultado de política que se busque.

El reino de los medios oscuros es la corrupción, y Fajardo ha usado antídotos eficaces contra ella. No divide el mundo entre honestos y corruptos, y por eso tampoco emprende cacerías de brujas para satisfacer el morbo de las galerías. Tampoco piensa en la categoría de amigos y enemigos, que conduce a la simbiosis entre la política y la guerra. Se preocupa más de los contextos en que se toman las decisiones, la consulta con todos los interesados y la validación social de los cambios que se busca conseguir. Entre mayor la participación de las comunidades en el gobierno, menos corrupción y mayor eficacia del gasto público.

En un notable ensayo titulado “Instituciones para un crecimiento de alta calidad: qué son y cómo conseguirlas”, Dani Rodrik (2000) tiene una idea de fuerza muy potente cuando afirma que la democracia es una meta-institución para crear buenas instituciones, y aboga por los sistemas políticos participativos como los más eficaces para un crecimiento de alta calidad. Rodrik distingue dos aproximaciones sobre cómo crear buenas instituciones: la primera es seguir los protocolos y modelos exitosos de países avanzados para adaptarlos al país, en la que dominan los expertos y asesores extranjeros, y la segunda, que él prefiere, es la agregación del conocimiento local para buscar los arreglos institucionales que se adapten a las condiciones y experiencias de cada contexto territorial.

La tarea del futuro, superado el conflicto armado, será la construcción de instituciones libres de corrupción para integrar los territorios y poblaciones de la Colombia olvidada, y la recuperación de la confianza y la creatividad del pueblo colombiano, que descansan en el respeto por las personas, sus capacidades, sus valores, sus miedos y sus sueños. Esa tarea requiere un liderazgo de alta calidad, que solo puede asumir quien busca el poder para servir al país y no para servirse del país para su grandeza personal. Por eso creo que el 2018 será el año de Sergio Fajardo, para bien de Colombia.