Mi voto el 19 de junio

En este comunicado anuncio cuál será mi voto en la segunda vuelta presidencial de Colombia el 19 de junio de 2022.

Por Sergio Fajardo V.

El domingo 29 de mayo, después de varios meses de extenuante campaña política para la presidencia de la república, los resultados en las urnas fueron desalentadores: obtuve 4,2 % de la votación, que se tradujeron en 890.000 votos, que a duras penas alcanzaron para superar el umbral. Como muchos lo anunciamos, Colombia va a cambiar y efectivamente Colombia buscó el cambio. De manera contundente los votantes escogieron a Gustavo Petro y Rodolfo Hernández como las personas que representan ese posible cambio de rumbo.

Hace cuatro años perdí con Petro la oportunidad de pasar a la segunda vuelta, por 250.000 votos. No me quejé, no le eché la culpa a nadie, y decidí votar en blanco, di las razones para hacerlo y me fui tres días a descansar y ver ballenas a Nuquí, Chocó. No vi ninguna ballena y desde ese momento hasta el día de hoy, no he tenido descanso alguno. La vida es implacable.

Hoy enfrento de nuevo la misma pregunta: ¿por quién votar? Y después de muchas horas de reflexión, de revisar juiciosamente la experiencia de votar en blanco en el 2018, de escuchar opiniones y sugerencias de todo tipo, he llegado a una decisión.

Antes de responder quiero mencionar los principios básicos a partir de los cuales tomo mi decisión:

i. Son los medios los que justifican el fin. Esta expresión es antagónica a “el fin justifica los medios”, o dicho de otra forma, al todo vale.
ii. De la forma como se llega al poder, así se gobierna. Llega con corruptos, gobierna con corruptos.
iii. Las propuestas y quien las lidera son inseparables. Por lo tanto, las condiciones, la forma de liderazgo, la historia de quien conduce determina la calidad de las decisiones y los resultados de las propuestas.

No voto por Petro. No puedo votar por Petro por varias razones, y voy a empezar con la más controvertida: por una razón “personal”. Desde mi voto en blanco en el 2018 el universo petrista, con su líder máximo a la cabeza, me hizo responsable de su derrota y me acusó de ser un “uribista enclosetado”. El aliado de Duque. Ni más ni menos me adjudican responsabilidad en este pésimo gobierno.

La batalla política estaba clara: desaparecer a su principal contradictor. Así, las redes se convirtieron en el escenario de la demolición programada. Se dedicaron durante cuatro años a difundir de manera sistemática mentiras, excesos, engaños, burlas, trampas y falsedades con una estrategia claramente diseñada y que combina todas las formas de lucha. Contaron además con la circunstancial colaboración del Contralor y el Fiscal del presidente Duque.

El daño no es despreciable, con graves consecuencias para mí, mi familia, las personas compañeras de Compromiso Ciudadano, entre otras. Entonces en tiempos electorales aparece el supremo líder, magnánimo y generoso, que me convoca a que nos unamos. Dice que él sí deja su ego a un lado, y sus seguidores arremeten otra vez: Fajardo no atiende el llamado del ser supremo porque su vanidad y su arrogancia no lo dejan, es un ser vengativo, incapaz de pensar en el país. Antepone su pretendida superioridad moral al bienestar de un país y etcétera.

Petro tiene que ganar y todo obstáculo en la ruta del poder debe ser eliminado. De esta forma, el matoneo es una actitud permanente y sin contemplación alguna frente a quien se atreva a contradecir u oponerse al líder. Al mismo tiempo, sin embargo, cualquiera que se acerque para sumar votos es bienvenido. De esta forma reconocidos corruptos encuentran la puerta abierta y su pasado se borra, se queda en la entrada. La argumentación es conocida: la política es dinámica, hay que tragar sapos, la política se hace con políticos. Todo vale.

Otra razón la constituyen sus propuestas. Petro tiene sin duda la capacidad de entender la Colombia inconforme y de manipular esta realidad con su habilidad discursiva. Sin embargo, a continuación, propone programas imposibles, revestidos con un supuesto rigor, que pretenden responder a las necesidades del pueblo. El terreno está abonado para el populismo. Después viene la frustración.

Para finalizar, no sobra recordar el desempeño de Petro como alcalde de Bogotá. Promesas rimbombantes, obviamente incumplidas, y una ciudad que quedó sumida en una confrontación permanente. ¡Todavía amenaza con detener la construcción del metro para obligar a que se haga lo que él considera que se debe hacer!

Petro es un líder mesiánico y autoritario y con esas condiciones no se puede unir al país, y por más discursos y seguidores que tenga, la paz no se construye arrasando con el diferente. El respeto, el reconocimiento, la solidaridad y la empatía son condiciones necesarias que Petro no tiene. Por todas estas razones no voto por Petro.

No voto por Rodolfo. Conozco al ingeniero desde hace varios años. Es tal cual lo vemos hoy. Cada que habla lanza, sin titubear, una ráfaga, una mezcla de palabrotas acompañada de carcajadas, con el pragmatismo de un ingeniero que resuelve rápido y hace pocas pausas. No sabe lo que son la prudencia y la pena. Es avasallador y su presencia nunca pasa inadvertida.

Sabe que en Colombia hierve un malestar profundo con los políticos y su corrupción, y con su personalidad y discurso interpreta ese malestar, usando un discurso que es sencillo y original, y nada más. Pero conoce poco el país y su experiencia gobernando y en política es limitada.

Hoy tiene una muy buena posibilidad de ser el presidente de Colombia en representación de millones de personas que quieren un cambio. ¿Cuál cambio? El que sea con tal de que alguien diferente esté al frente del país.

En nuestra fallida conversación, con final abrupto, patán y grosero, nos propusimos discutir acerca de nuestras propuestas para ver si era posible encontrar coincidencias. Hicimos nuestro trabajo y él lo desestimó sin mirarlo, y entonces entendimos que lo que el candidato quería era una adhesión automática, que firmáramos un cheque en blanco a su nombre. Lo cierto es que los detalles de su programa no son claros, en varios temas estamos en franca contradicción y en él no encontramos una propuesta que permita visualizar cómo sería su gobierno. Es una nebulosa por la que habría que votar prácticamente a ciegas.

Voto en blanco. Voy a votar en blanco el 19 de junio. Otra vez, como en el 2018. Como político que por más de 20 años ha defendido y defiende una forma de hacer política, y además acaba de presentar en las elecciones del 29 de mayo una propuesta programática elaborada con rigor y seriedad, con la convicción de que a pesar de la derrota electoral es lo que necesita nuestro país, votar en blanco hoy significa asumir el compromiso para seguir defendiendo nuestras ideas y aportar nuestras propuestas en el periodo tan complejo y difícil que viene a continuación para Colombia. Lo que vemos hoy en la campaña es premonitorio de lo que nos espera.

Mi voto en blanco es en consecuencia una posición política, crítica e independiente, que en el marco de la democracia y desde una posición hoy minoritaria, reclama el valor de unos principios básicos y destaca la importancia de la decencia, la transparencia y la seriedad en la acción política. Estoy convencido que muy pronto el tiempo nos dará la razón. El camino es largo y la verdad y la decencia siempre salen adelante, aunque a veces se demore.

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