Nuestra forma de hacer política

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Nuestra forma de hacer política
Nuestra forma de hacer política. Conoce nuestros principios.

¿En qué se parece el éxito del Barcelona a nuestra forma de hacer política?

Cuando pienso en la manera en la que hacemos política en Compromiso Ciudadano, me remito al Barcelona de España en su mejor época, entre 2009 y 2015. Ese equipo ganó prácticamente todo lo que disputó pero no de cualquier manera, sino con la particularidad de que lo logró jugando bonito.

Esa manera de lograr las cosas, bonito, podría ser una nimiedad para el resto de proyectos políticos pero no para el nuestro. Esa es nuestra premisa. Nosotros intentamos invertir la ecuación: los medios justifican el fin y no al contrario.

¿Eso qué significa?

Varias cosas. Entre ellas, que emprender carrera política es como construir una casa: lo más importante son los cimientos, que se asemejan a los principios éticos y valores en los que se va a basar el partido o el movimiento político. Cuando fundamos Compromiso Ciudadano hace un poco más de 20 años, delineamos unos principios claros, innegociables, que siempre hemos honrado, que determinan que somos un movimiento y es la forma en la que hacemos política.

Algunos de esos principios son la construcción colectiva, es decir que tomamos decisiones aprendiendo del pasado. Somos plurales, lo que quiere decir que a pesar de que partimos de coincidencias siempre reconocemos la riqueza de la diversidad. Nos importa la cultura ciudadana, que indica que la actividad política debe ser educadora en sentido pleno: todos enseñamos y todos aprendemos. 

También creemos que la vida es el valor máximo, por lo que no hay ninguna idea ni propósito que amerite la violencia para alcanzarlos. Asimismo, le apostamos a la objetividad y a la legitimidad. Lo primero quiere decir que no estamos en contra de nadie en particular e intentamos debatir y controvertir ideas, propuestas y actuaciones. Lo segundo quiere decir que nuestra actividad política quiere construir confianza en las personas y propuestas mediante el actuar legítimo.

Somos responsables en nuestras actuaciones: el poder lo ejercemos tal como somos sin agendas ocultas ni intereses soterrados. Rendimos cuentas y respondemos por nuestras acciones, con transparencia. Esto último quiere decir que no aceptamos transacciones de poder por intereses burocráticos o económicos, tampoco otorgamos prebendas personales, no promovemos componendas ni aceptamos manipulaciones políticas.

Además, reconocemos que el trabajo y el compromiso definen nuestras aspiraciones individuales y colectivas. Por último, creemos, por supuesto, en la democracia. Por ella trabajamos todos los días en el marco de la solidaridad y la cooperación entre personas, actores públicos, privados y comunitarios.

Cuando hago el puente entre el Barcelona y el trabajo de Compromiso también me remito a los procesos y a las ideas. El Barcelona que se ganó el triplete en 2015 no lo logró exclusivamente por el trabajo del entrenador Luis Enrique, así como los éxitos de 2009 y 2011 no llegaron de la mano de Pep Guardiola. 

Ese estilo de juego efectivo pero vistoso, ejecutado por algunos de los mejores futbolistas de la historia, tenía un antecedente previo en el equipo que dirigió Rijkaard en los 2000, semilla que puso Johan Cruyff en los 90 con su idea de fútbol total. Es decir que sí, que había grandes futbolistas y un excelente cuerpo técnico, pero el proyecto giró en torno a una idea conjunta, una manera de entender el fútbol, en vez de basarse en individualidades.

De forma similar, nosotros sembramos las semillas de un proyecto hace en 1999 y tuvimos que esperar los frutos hasta 2004, cuando ganamos la Alcaldía de Medellín con la votación más alta de la historia hasta ese momento. Aunque algunos señalaban que esa experiencia sería flor de un día, pudimos continuar durante la alcaldía de Alonso Salazar, que gobernó Medellín entre 2008 y 2011 como representante de Compromiso Ciudadano. 

Como el Barcelona, Compromiso tiene figuras importantes, pero no nos gusta pensar en fanatismos, ni cacicazgos ni figuras mesiánicas, sino más bien en que todos aportamos y entre todos ejecutamos la forma en que vemos la política.

Píldoras para entender nuestra política

  • Asumimos que los políticos son quienes toman las decisiones más importantes de una sociedad: aceptamos y entendimos que la política y los movimientos políticos son necesarios. Pero también entendimos que hay distinción entre la política mala y la política buena y que sin política buena no hay desarrollo.
  • Nuestra riqueza es la confianza. Los votos se venden, al igual que los líderes, porque la plata se compra al que tiene precio. Nuestra riqueza, que es la confianza, no se vende.
  • La corrupción en la política es la intención recurrente de apropiarse del poder y del Estado en función de intereses particulares en oposición a la construcción del bien común. El éxito de la práctica corrupta de la política consiste en mantener alejada a la ciudadanía de los espacios de decisión. En la oscuridad, que no los vean. Por eso la transparencia les duele.
  • Por décadas, la educación en el país no ha sido el bien público que debería ser. El protagonismo de la guerra no ha dejado que en Colombia le apostemos a la educación como motor de la transformación.
  • La educación para nosotros en el siglo XXI es un concepto más amplio que va más allá del sistema educativo. La educación es ciencia, tecnología, innovación, emprendimiento y cultura,  todas esas actividades que van alrededor de la inteligencia y las capacidades de las personas, siendo ahí donde se convierten en ciudadanos.
  • Enfrentamos las desigualdades sociales, la violencia y la ilegalidad, a partir del reconocimiento de la dignidad del espíritu humano, de las inmensas capacidades de nuestras gentes y sabemos que el primer escalón en la construcción del camino de las oportunidades y la libertad, es la educación.
  • Ya es hora de que nos demos la oportunidad para la inteligencia en vez de la guerra, de que nos relacionemos como seres humanos, de que podamos convivir, discrepar y tener diferencia pero que no sea al costo de herir, masacrar y destruir.
  • El producto más valioso que debería surgir de una práctica política sana es la confianza de la ciudadanía, que se manifiesta en una institucionalidad que, más allá del gobierno o los poderes de turno, garantiza que nadie es dueño de lo público y que el poder es visible.
  • Los recursos públicos son sagrados.
  • Ahora hay que apostar por la reconciliación, tenemos que invitar a la gente a trabajar unida, superando las diferencias, para sobre lo ganado en seguridad, promover la intervención social.
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