Mi historia de vida

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Soy hijo de Mara y Raúl y nací en Medellín en 1956. Mi crianza en un entorno privilegiado fue paradójicamente la semilla que sembró en mí la vocación política. Entendí que, a diferencia de mí, hay personas que salen de su casa todos los días y ven al frente un muro que les impide avanzar. Yo, al otro lado del muro, me convencí a mí mismo de que debía ayudar a derribarlo, de la mano de la educación como motor de transformación social.

fotografia-padres-de-sergio-fajardo
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Soy hijo de Mara y Raúl y nací en Medellín en 1956. Mi crianza en un entorno privilegiado fue paradójicamente la semilla que sembró en mí la vocación política. Entendí que, a diferencia de mí, hay personas que salen de su casa todos los días y ven al frente un muro que les impide avanzar. Yo, al otro lado del muro, me convencí a mí mismo de que debía ayudar a derribarlo, de la mano de la educación como motor de transformación social.

Fotografia-sergio-fajardo-con-luis-carlos-galan

Mi padre, Raúl, era de corte liberal. Admiraba a Carlos Lleras y a Luis Carlos Galán y fue concejal de la ciudad de Medellín. De mi madre, Mara, recuerdo su catolicismo fervoroso que no trataba de imponer a las malas, pues también tendía a las ideas liberales.

Desde pequeño, inspirado por un padre arquitecto, comencé a pintar diagramas para comprender mejor las ideas de los textos que leía. También me interesé temprano por los números y siempre me fue bien en matemáticas. En esa época colegial entendí el rol fundamental de los maestros en la sociedad porque fueron fundamentales en mi vida.

De hecho, de un profesor que se llamaba Saúl heredé el gusto por la filosofía, la música clásica y la literatura. Fue él, además, quien me recomendó estudiar matemáticas y me regaló Elementos de historia de las matemáticas, de Nicolás Bourbaki.

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Mi padre, Raúl, era de corte liberal. Admiraba a Carlos Lleras y a Luis Carlos Galán y fue concejal de la ciudad de Medellín. De mi madre, Mara, recuerdo su catolicismo fervoroso que no trataba de imponer a las malas, pues también tendía a las ideas liberales.

Desde pequeño, inspirado por un padre arquitecto, comencé a pintar diagramas para comprender mejor las ideas de los textos que leía. También me interesé temprano por los números y siempre me fue bien en matemáticas. En esa época colegial entendí el rol fundamental de los maestros en la sociedad porque fueron fundamentales en mi vida.

De hecho, de un profesor que se llamaba Saúl heredé el gusto por la filosofía, la música clásica y la literatura. Fue él, además, quien me recomendó estudiar matemáticas y me regaló Elementos de historia de las matemáticas, de Nicolás Bourbaki.

Cuando me gradué del colegio a los 16 años, decidí irme a estudiar Matemáticas a la Universidad de los Andes, tras aceptar el plan B que me propuso mi padre ante la imposibilidad de estudiar en la Universidad Nacional, cerrada constantemente en ese entonces por motivos políticos.

Me gradué de matemático de la Universidad de Los Andes en 1977. Un legado que me dejó mi paso por la universidad fueron las enseñanzas del profesor Xavier Caicedo Ferrer, de quien aprendí lógica y teoría de modelos, la cual intento aplicar de manera permanente en mi actividad política, mediante la creación de lenguajes comunes que unan a diversos grupos que están, en principio, aparentemente alejados entre sí.

En 1979 continué mi carrera académica en la Universidad de Wisconsin en Madison, una pequeña ciudad al nororiente de Estados Unidos cerca a Chicago. Allí sostuve una relación profesional y de admiración con el profesor Jerome Keisler, un matemático a quien leí con devoción en mi paso por los Andes. Keisler dirigió mi tesis de doctorado y escribimos varios artículos juntos.

En 1985 me devolví a Colombia para ser profesor de los Andes. Mientras, construí una carrera corta en el periodismo y me acerqué a la opinión pública.  Escribí columnas en El Mundo de Medellín, donde opinaba sobre política y mi tema favorito, la educación, que se ha convertido en la columna vertebral de nuestra propuesta política.

Durante los 90 encontraría definitivamente mi vocación pública. En 1995 hice parte de la Comisión Facilitadora de paz en Antioquia, donde había una complicada situación de orden público. En la Comisión trabajé con Robert Fisher, un gurú de la resolución de conflictos del Centro de Negociaciones de Harvard, quien fue mediador en la negociación de paz en Sudáfrica en los noventa.

Fisher fue un profesor de lujo privado, quien me enseñó, sobre todo, la importancia de escuchar al otro antes que a mí mismo, un ejercicio invaluable en la actividad política. En la Comisión tuve que interactuar con diversos actores de la guerra: narcotraficantes, paramilitares, guerrilleros e incluso con alias ‘Popeye’ y hasta el mismo Carlos Castaño, todo con el propósito de entender mejor el fenómeno de la violencia y construir paz en la región de Antioquia.

En 1999, di el salto definitivo a la política y fundamos Compromiso Ciudadano, un movimiento que tiene como regla fundamental que los medios justifican el fin: ganar, pero ganar jugando bonito, como el Barcelona, de quien soy hincha. En el 2000 me lancé para las elecciones de la alcaldía de Medellín. Aunque no gané, nuestra  candidatura tuvo 60.000 votos, lo que representó un gran triunfo para una propuesta apartada de la política tradicional de la ciudad.

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Fisher fue un profesor de lujo privado, quien me enseñó, sobre todo, la importancia de escuchar al otro antes que a mí mismo, un ejercicio invaluable en la actividad política. En la Comisión tuve que interactuar con diversos actores de la guerra: narcotraficantes, paramilitares, guerrilleros e incluso con alias ‘Popeye’ y hasta el mismo Carlos Castaño, todo con el propósito de entender mejor el fenómeno de la violencia y construir paz en la región de Antioquia.

En 1999, di el salto definitivo a la política y fundé Compromiso Ciudadano, un movimiento que tiene como regla fundamental que los medios justifican el fin: ganar, pero ganar jugando bonito, como el Barcelona, de quien soy hincha. En el 2000 me lance para las elecciones de la alcaldía de Medellín. Aunque no gané, nuestra  candidatura tuvo 60.000 votos, lo que representó una gran triunfo para una propuesta apartada de la política tradicional de la ciudad.

foto-de-sergio-fajardo-con-jovenes

Me lancé de nuevo para la alcaldía de Medellín en 2003 tras recoger firmas para Compromiso Ciudadano. Ganamos con casi 210 mil votos y una amplia acogida de los jóvenes. Durante nuestra gestión fui elegido como uno de los alcaldes más populares del país. Redujimos los índices de violencia, saneamos las finanzas públicas de la ciudad y fui elegido como el mejor alcalde de Colombia 2004-2007.

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Me lancé de nuevo para la alcaldía de Medellín en 2003 tras recoger firmas para Compromiso Ciudadano. Ganamos con casi 210 mil votos y una amplia acogida de los sectores juveniles. Durante nuestra gestión fui elegido como uno de los alcaldes más populares del país. Redujimos los índices de violencia, saneamos las finanzas públicas de la ciudad y fui elegido como el mejor alcalde de Colombia 2004-2007.

En 2008 anuncié mi candidatura a la presidencia por Compromiso Ciudadano. Finalmente, decidí aliarme con Mockus y fui su fórmula vicepresidencial para el Partido Verde. En 2011 me postulé a la Gobernación de Antioquia. Fui el candidato más votado de todo el país y gané con casi 950 mil votos. En 2018, participé como candidato presidencial de la Coalición Colombia, con el Verde en cabeza de Claudia López y el Polo con el liderazgo de Jorge Robledo, y obtuve 4,5 millones de votos en la primera vuelta de las elecciones presidenciales.

Actualmente soy profesor en la Escuela de Gobierno y Transformación Pública del Instituto Tecnológico de Monterrey (México) y en la Escuela de Formación Política de Compromiso Ciudadano.

Soy el padre de Alejandro, que es biólogo y matemático, y de Mariana, que es bióloga.

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