Cómo prevenir el asesinato de jóvenes en Colombia

fotografia-de-jovenes-universitarios-con-sergio-fajardo

compartir

Share on facebook
Share on twitter
Share on linkedin
Share on whatsapp
Share on email
En Colombia, el asesinato de jóvenes nos recuerda que hay un grande problema de orden público, asociado generalmente a la vulnerabilidad en la que viven miles de jóvenes en Colombia.

Como los jóvenes colombianos siguen cayendo en situaciones de violencia, tenemos la obligación de mejorar como sociedad para evitar el derramamiento de sangre. El problema surge por la falta de educación y empleos dignos. El 11 de agosto de este año, cinco adolescentes fueron brutalmente asesinados en Llano Verde, distrito de Aguablanca en Cali. Además de ese lamentable hecho, este año Colombia ha lamentado la muerte de sus jóvenes en Tumaco, Quibdó, Soacha, Samaniego y Bogotá.

Durante la pandemia, las sociedades se han esforzado en conservar vidas ante la calamidad de salud pública. En Colombia, el asesinato de jóvenes nos recuerda que hay un grande problema de orden público, asociado generalmente a la vulnerabilidad en la que viven miles de jóvenes en Colombia.

La ausencia del Estado en muchas zonas del país se refleja en una violencia de décadas, atizada por ausencia de oportunidades e infraestructura rurales, ausencia de educación, narcotráfico, corrupción, una obsoleta guerra contra las drogas y la incapacidad de fabricar un modelo de desarrollo que incluya a todo el mundo.

En Colombia, el asesinato de jóvenes nos recuerda que hay un grande problema de orden público, asociado generalmente a la vulnerabilidad en la que viven miles de jóvenes en Colombia.

Muchos jóvenes sobreviven en vulnerabilidad, que significa estar lejos de entornos protectores o no tener herramientas para construir proyectos de vida dignos que conduzcan a la autonomía mediante su naturaleza de seres humanos. A esos jóvenes y a sus condiciones de vida quiero referirme.

Pobreza, embarazo adolescente, desempleo, violencia intrafamiliar y de género, informalidad, mayor deserción escolar, abusos sexuales, matoneo y reclutamiento de menores a una criminalidad que controla la venta de estupefacientes y promueve su consumo, dicta normas de convivencia y controla el territorio son algunas de las condiciones que coexisten en esas comunidades vulnerables.

¿Cuál es la solución?

Foto: Jesús Abad Colorado

En general, quienes manejan las condiciones del entorno criminal son personas que nacieron en la misma comunidad y son, a su vez, referente para sus menores. Como no hay confianza en la poca o nula presencia institucional del Estado, son personas sometidas por el miedo y sin esperanza. Entender esto es fundamental para superar las condiciones sociales que causan estupor solo durante tiempo limitado, hasta que ocurre otra masacre.

Hay que atender las condiciones de vulnerabilidad de manera integral y simultánea, priorizando a los niños, niñas, jóvenes y sus familias, con el acompañamiento de fundaciones, organizaciones sociales, ONGs, iglesias y actores con capacidad de intervención. 

Las escuelas y colegios tienen que ser eje central en las intervenciones mediante la dotación de mejor infraestructura, docentes y equipos especializados en intervención social, para trabajar de manera articulada con líderes comunitarios y familias.

Los jóvenes que atraviesan dificultades generalmente requieren del soporte de alguien que los oriente y les muestra alternativas. Por eso, insistimos en la extraordinaria influencia que pueden llegar a tener los profesores en contextos vulnerables.

Hay que reconstruir el tejido social

Lo anterior no es suficiente. También hay que reconstruir el tejido social mediante el empoderamiento de la comunidad. Es decir, trabajar para que esta se convierta en protagonista de su desarrollo, mediante una herramienta como el presupuesto participativo. En este punto urge la articulación del trabajo con autoridades civiles para explicar a la sociedad las intervenciones en espacios vulnerables, destacar lo bueno e intentar atacar la estigmatización sobre sus habitantes.

Lo anterior necesita de la presencia de fuerza pública entrenada para el trabajo con las comunidades, es decir, una fuerza pública que no solo sirva para la represión y el choque con la población civil. La Policía en este caso debe construir lazos de comunidad con el territorio, mientras que hace inteligencia y judicializa las redes criminales de la zona.

En las zonas vulnerables también debe haber presencia de comisarías de familia, Defensoría de Derechos Humanos, Fiscalía, unidades de atención a víctimas, Instituto Colombiano de Bienestar Familiar y similares. Por último, para implementar todos estos cambios es necesario que permanezcan en el tiempo sin interrupciones, por lo que resultaría fatal que un gobierno siguiente destruya los avances obtenidos.

Las administraciones locales necesitan del Gobierno, el cual debe participar en la implementación de programas de esta índole en todo el país, de forma tal que implemente recursos y personal de las alcaldías municipales para atender a los jóvenes vulnerables.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Abrir chat
¡Hola!
¡Hola! En qué podemos ayudarte?