Las 5 propuestas de Sergio Fajardo para fortalecer la educación en 2021

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Acá proponemos unas acciones necesarias y urgentes, realizables, para enfrentar el impacto que ha tenido la pandemia en la educación.

Desde el 16 de marzo del 2020, cuando se cerraron las instituciones educativas, más de 9’900.000 estudiantes de educación preescolar, básica y media, y 2’400.000 de educación superior, convirtieron sus casas en la escuela.

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Para la mayoría, la ‘educación en casa’ no ha sido fácil, sus aprendizajes y procesos han dependido de las circunstancias sociales y económicas de sus hogares. Poco parece importar el impacto que tendrá la pandemia en las generaciones de niños, niñas y jóvenes estudiantes en estos días.

Como es habitual, la sociedad no reconoce el esfuerzo extraordinario de maestras y maestros en la educación pública, quienes se han echado sobre los hombros el trabajo con sus estudiantes, afrontando todo tipo de limitaciones y carencias.

Solo unas pocas familias privilegiadas con sus hijos e hijas en colegios privados han podido mitigar los efectos negativos. Así, cada día que pasa aumentan las brechas en el mundo de la educación, ampliando las ya profundas desigualdades sociales de nuestra sociedad.

Conoce también nuestro plan para evitar la deserción escolar y universitaria

¿Cómo ha sido la educación en la pandemia?

1) Antes del covid-19, la supervivencia escolar en Colombia ya era muy baja de cada 100 estudiantes que ingresan al grado primero, solamente 56 terminan el grado 11 en el tiempo oportuno; de esos 56, solo entran a la universidad 22, y de estos 22, solo 13 culminan sus estudios

En el país, el acceso, la permanencia y los resultados de aprendizaje varían negativamente, afectando principalmente a los niños, niñas y jóvenes procedentes de familias pobres que estudian en colegios oficiales.

2) Los efectos del covid-19 pueden ser dramáticos: se considera que la deserción podría aumentar en un 50 % para las poblaciones más vulnerables y que las pérdidas de aprendizaje para el 20 % más pobre de la población podrían ser de un 50 %.

Algo así como si se hubiera faltado a la escuela 5 de 10 meses posibles. La Unesco señala que “cuanto más tiempo los niños marginados dejen de asistir a la escuela, menos probable es que regresen. Los niños de las familias más pobres ya tienen casi cinco veces más probabilidades de no asistir a la escuela primaria que los niños de las familias más pudientes”.

3) A largo plazo, adicionalmente, la deserción y la pérdida de aprendizajes ocasionan una disminución en las retribuciones económicas en la actividad productiva futura; además, a nivel macro, el país podría perder más de tres años completos de su inversión en educación.

Por ejemplo, Hanushek y Woessmann señalan que “una pérdida de aprendizaje equivalente a un tercio de un año de escolaridad para una cohorte de estudiantes, de acuerdo con las relaciones históricas de crecimiento, significa un PIB 1,5 % menor en promedio para el año».

Las escuelas, además de contribuir al aprendizaje de habilidades cognitivas, son entornos de protección y desarrollo de competencias socioemocionales y ciudadanas.

Las pérdidas por no asistir a la escuela son en capital humano, pero también en bienestar social.

Por estas razones, el regreso gradual a la escuela es prioritario, pero no a la misma escuela de antes del covid-19, sino a una escuela distinta, de tal manera que se recuperen los aprendizajes perdidos y se gane en calidad escolar para todos los estudiantes. ¿Cómo? Acá proponemos unas acciones necesarias y urgentes, realizables, para enfrentar este reto.

1. Programas de educación en los territorios

Colombia tiene 1.103 municipios, 950 con menos de 100.000 habitantes, de los cuales solo 96 tienen secretarías de Educación certificadas por el Ministerio de Educación.

Las secretarías departamentales tienen la responsabilidad de articular los programas educativos en sus territorios. El reto es construir en cada municipio, de acuerdo con sus particularidades, un plan de emergencia para regresar a las escuelas.

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Gobernadores y alcaldes, con rectores, maestras y maestros, comunidades de padres de familia, organizaciones de la sociedad civil pueden sentarse a diseñar en conjunto el plan, teniendo en cuenta, por supuesto, todas las condiciones de bioseguridad que garanticen que las personas en la escuela estén totalmente protegidas.

Cada institución educativa presenta un plan de reactivación escolar, en el cual se identifican las condiciones y recursos mínimos para iniciar; se construye la red de escuelas municipales y se articulan para unir esfuerzos bajo la coordinación de la alcaldía y la gobernación.

El ministerio monitorea los avances, apoya con personal técnico, pone a disposición experiencias tanto nacionales e internacionales de procesos similares, y aporta los recursos económicos adicionales que se requieran para poner en marcha el programa de emergencia.

Una oportunidad única para articular Gobierno Nacional con los gobiernos regionales y locales. Es en los territorios, no en el escritorio en Bogotá.

2. Los maestros y las maestras son líderes sociales

Por lo general, nuestra sociedad no reconoce el valor de nuestros docentes. La pandemia, que tantas debilidades nos ha mostrado, no ha servido para que surja un reconocimiento nacional del valioso papel que maestras y maestros han jugado en esta crisis y en el desarrollo social.

La falta de conectividad y de acceso a computadores y dispositivos aumentó las inequidades educativas.

Sin embargo, a pesar de las brechas digitales, la resiliencia pedagógica de los docentes fue extraordinaria: diseñaron guías pedagógicas, usaron sus planes de datos personales para mantener a sus estudiantes activos, aprendieron a usar plataformas, produjeron videos, usaron la radio y la televisión como herramientas pedagógicas, trabajaron jornadas con horarios extendidos para atender todo tipo de necesidades de las familias, entre muchas otras tareas que realizaron.

Crearon un conocimiento pedagógico que hay que valorar, reconocer y aprovechar para hacer más efectivo el retorno gradual a la escuela.

Además, en estos tiempos difíciles, cada familia con hijos en edad escolar tuvo la oportunidad de apreciar el valor del trabajo de sus maestras y maestros y la relevancia de la escuela. Esta es una oportunidad magnífica para avanzar en el reconocimiento de la dignidad de nuestros docentes.

Una nueva actitud de los padres para participar en el proceso de formación de sus hijos. Las escuelas de padres se deben redefinir y aprovechar la experiencia y el aprendizaje asociado con la educación en casa.

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Es clave el reconocimiento de maestras y maestros como líderes sociales, con relevancia en las comunidades donde trabajan, y un elemento central en dicho reconocimiento es hacer prioritaria la vacunación de maestros: en primera línea, junto con las personas del sector salud.

Estamos en el momento propicio para empezar una campaña nacional para mostrarle a la sociedad el valor de la educación a partir de nuestros profesores: con educación todo se puede, pero si la sociedad no reconoce la dignidad de maestras y maestros, nunca tendremos una buena educación.

3. Planes de estudio teniendo en cuenta la pandemia

A nivel nacional y regional se debe hacer, lo más pronto posible, un inventario de los procesos y materiales pedagógicos diseñados por los maestros y acelerar la conectividad y el acceso a computadores y dispositivos. 

Los planes de estudio y el calendario escolar no pueden ser implementados en el 2021 como si no hubiera pasado nada.

Hay que empezar por evaluar las pérdidas de aprendizajes y las necesidades sociales y emocionales del estudiantado, y no imponer una programación rígida centrada en los contenidos de las asignaturas.

Inicialmente, es urgente orientarse hacia la recuperación de lo perdido en aprendizajes y, posteriormente, centrarse en el desarrollo de las habilidades cognitivas, socioemocionales y ciudadanas pertinentes para desarrollo social y productivo, según los niveles escolares y las regiones.

En el 2021, con mayor fuerza que antes de la pandemia, hay que organizar los currículos y la enseñanza centrados en los estudiantes y en el aprendizaje, teniendo en cuenta los contextos y las circunstancias actuales.

Simultáneamente, será necesario trabajar con los estudiantes las experiencias vividas dentro de los hogares durante la pandemia, las diferencias de roles y cargas de trabajo, la manera como tramitaron las diferencias y los riesgos de violencia hacia las mujeres en las familias, haciendo énfasis en la manera diferente como lo vivieron los hombres y las mujeres.

Igualmente, es importante señalar que muchos estudiantes van a abandonar los estudios y no van a regresar a la escuela, y si recordamos que el desempleo de jóvenes está cerca del 30 %, podemos ver que este es un problema muy serio que obliga, entre otras acciones, a diseñar planes especiales para buscar a los desertores del sistema escolar y traerlos de nuevo a las aulas.

Está en riesgo una generación de jóvenes que no estudian ni trabajan, y crecen sin esperanza.

4. Retorno a clase para apoyar a las mujeres

Muchas mujeres han perdido sus empleos; la última cifra del Dane señala que el desempleo de las mujeres es de 22 %, 10 puntos porcentuales, más de 10 % que el desempleo de hombres; además, están agotadas por las demandas del hogar y por el acompañamiento pedagógico a sus hijos.

El retorno gradual a la escuela también es un modo de acompañar la reactivación económica y contribuir a la participación laboral de la mujer. 

No sobra agregar que cerca del 67 % de los docentes son mujeres. Si las mujeres se mantienen al margen laboralmente, como supervisoras del aprendizaje de los hijos, sería un retroceso social muy grande en la lucha por la igualdad de género.

Tenemos que avanzar en compartir las tareas del cuidado y profundizar en la autonomía económica de las mujeres.

5. Necesitamos un gran compromiso nacional por la educación

La pandemia ha dejado al descubierto las fragilidades e inequidades de nuestra sociedad. En particular, estas profundas desigualdades en la educación son tangibles. 

Cualquier proyecto de país que busque construir una sociedad justa pasa por hacer de la educación un eje fundamental de la transformación de Colombia. Hoy corresponde tomar acciones de emergencia, pero la tarea crucial sigue pendiente: un gran compromiso nacional por la educación.

Este texto en un trabajo conjunto escrito por Sergio Fajardo, candidato presidencial; Rosa Inés Ospina, experta anticorrupción y en igualdad de género; Sandra García, de la Escuela de Gobierno de la Universidad de los Andes; Germán Barragán, gerente de la Fundación Corona en la línea de Educación y Empleo; Piedad Caballero, exsecretaria de Educación de Cundinamarca y consultora e investigadora en políticas públicas, y Jaime Parra, consultor SED-Idep Bogotá. Profesor universitario.

Una respuesta a «Las 5 propuestas de Sergio Fajardo para fortalecer la educación en 2021»

La EDUCACION VOCACIONAL AGROPECUARIA sigue siendo la GRAN AUSENTE en el Tema de la Educación en Colombia. Solo la federación nacional de cafeteros y el gobierno de Carlos Lleras Restrepo (1966) le dieron la dimensión y desarrollo apropiados…desde entonces JAMAS NADIE se interesó en hablar y proponer sobre este tema ahora más pertinente que nunca para que agregarle a esa Educación Vocacional Agropecuaria el ingrediente de PRODUCCIÑO ORGANICA como lo demanda el Mercado Internacional de productos agropecuarios.

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